Despertar.
Nací. En el pestañear del frío.
Cuando arrancaron las cobijas gusanas.
En cuanto mis piernas tocaron tierra.
¡Tierra! ¡Tierra!
Yo iba naufraga.
En anestesias ancianas,
En uvas destiladas.
1959 días.
¡Tierra! ¡Tierra!
Vociferante atleta, estrellé mi cuerpo
En las aceras lácteas.
¡Selva a la vista!
En vértices rotos, me arrastré
Jadeante en Opios quemados.
¡Hombre a la vista!
Desmembrada, veo como
brotan las madres,
los hijos y los padres.
¡Historia a la vista!
Despavorida, me consuelo en construcciones
Vanguardistas. Lagrimeo esperando las
Fisuras escapistas.
Nací. En el pestañear del frío.
en pacto con las rendijas de una puerta.
abierta. Nací, en el Prostíbulo.
lunes, 12 de octubre de 2009
Hello, GoodBye!
he decidio no alejarme. No eliminar de aquí la memoria. Hoy no soy sensitiva, sólo observadora inanimada. Y te observo, te miro, miro, miro, miro. Desde la agitada cabellera de una señora media calva.
The end!
Eres el último ser humano contemplando la fragmentación astroloógica premeditada. Duermes rodeándote de papelitos jamás bio degradables. Te acurrucas a un planeta naciente, cierras tus piernas y te acuerdas de lo que nunca hiciste antes del día. Sientes remordimiento por haber sido creyente y siempre haber esperado las trompetas y hasta creerte el anticristo. Y finalmente no es así como sucede. Eres tú el único testigo. Te preguntas porqué, y las esquirlas vecinas te responden que no fuiste elegido. La casualidad se dió por causalidad. Tu espina dorsal se ondulaba por un río, Y ves, ya no está. Caiste al vacío.
domingo, 30 de agosto de 2009
Sexta.
Peter recorre cuadrados pequeños. Una velocidad inesperada. Nadie esperaba. Aquella reacción. Él corre tras unas líneas verdes. Insulta a los guardias de azul. Quiere que le permitan avanzar. Se hace camino entre la gente. Aprieta brazos y patea zapatos feos. Levanta la cabeza de vez en cuando. No desea perder las líneas. A ver a quien lo espera. En un bolsillo. Una moneda. Para enfrente de la máquina de bebidas. Vuelve a mirar. Lo verde ha comenzado a desvanecerse. No aumenta la velocidad. Caen algunas gotas de agua sobre sus zapatos. Deja de recorrer cuadros. Se desorienta. Grita. Se eleva. No puede ser. Peter lanza su botella al suelo. Un auxiliar lo mira con enojo. Los guardias solidarizan. Caminan más atrás. Arrastran sus zapatos. Se resbalan con el agua. Peter corre, quiere encontrar a las líneas. Quiere ver las baldosas dibujadas bajos sus pies. Quiere llegar. Mi gurú espera. Espera. Se exaspera. Ve a los guardias apuntando con sus armas. Directo hacia el atleta. Ella. Que aguarda mira desesperada. Hacia los ojos que huyen. Por fin es el último paso. Mi gurú extiende sus brazos. Siente el sudor de Peter en la punta de sus dedos. El último cuadro. La última línea. Se abrazan. Terminándose lo blanco. Los guardias caen al vacío. Peter los escupe. Mientras caen. Miran desde el filo del abismo. Se confortan. Se hacen cariño. Caminan juntos de la mano. Por el pasillo del tren en marcha.
Mi Gurú lo observa. Embobada. Por sus ojos grandes. El la mira de reojo y se sonríe. Tiene su mano ahorcando la de ella. amenazándola. De pronto la boca de Mi Gurú despierta. Ya no estamos en Persápolis. Le dice. El se acerca y la abraza. inhala. Profundo. Como si se convirtiera en un globo gigante y necesitara. De todos. Un poco de aire. Se traga todos los aires. Y se saca el único que tiene. Ella lanza una carcajada. De espectador de circo. Le muestra todos sus dientes. Y el le muestra sus pómulos. Llenos de besos de ella.
Mi Gurú lo observa. Embobada. Por sus ojos grandes. El la mira de reojo y se sonríe. Tiene su mano ahorcando la de ella. amenazándola. De pronto la boca de Mi Gurú despierta. Ya no estamos en Persápolis. Le dice. El se acerca y la abraza. inhala. Profundo. Como si se convirtiera en un globo gigante y necesitara. De todos. Un poco de aire. Se traga todos los aires. Y se saca el único que tiene. Ella lanza una carcajada. De espectador de circo. Le muestra todos sus dientes. Y el le muestra sus pómulos. Llenos de besos de ella.
lunes, 3 de agosto de 2009
Quinta
La actriz prepara una maleta. La repleta de trajes. Y pelucas. Falsas identidades. Y dinero lavado. Silba mientras ordena. Entona una canción añeja. De su tía. La cantante. Roberta. Semi-idola de los abuelos de la ciudad. Andariega también. Por eso Mi Gurú lleva de estirpe las andanzas. Toda su familia se había resistido a los poderes encantadores de los gobernantes y séquitos de la ciudad. Roberta residía en el pueblito adjunto. Otro distrito. Otra orden. Otro poder. Sólo de vez en cuando se quedaba en Persápolis para ofrecer dos funciones seguidas. En el comienzo de cada una. Tarareaba el himno de la ciudad. Mientras las luces se iban desvaneciendo y tan sólo una permanecía fuerte y le alumbraba la cara. Los ojos desafiantes en dirección a la policía. Que nunca ha dejado de hacer sonar los dientes. Tarareaba con los labios pintados de rojo. Se desnudaba y derretía en el escenario. Y comenzaba a cantar boleros.
Mi gurú silba uno de aquellos. Mientras cierra la maleta. A su alrededor otros actores y actrices empacan sus cosas. Y ordenan el teatro. Que otra vez se queda solo. Que guardará silencio y el eco de los pasos. De arañas. La dueña comienza a vestirse. Saca de un armario un vestido azul. Se acerca a un espejo y lo arregla. Se peina. Y mira también distraída. A los demás como se mueven. Mira al muchacho que siempre ha querido. Vuelve a su cara y se pinta los labios. En el tocador la llamaban las cartas de Peter. La más reciente. Tan suplicante de ayuda. Ella imagina al ídolo caer sobre sus piernas. Esa figura oscura y endeble caer enrollándose en sus piernas. Gesticulando. Ayuda. Se sonríe. Ella lo espera en la estación de trenes. Vestido de mujer. Lo espera con los pasajes en sus manos. Lo ve con los ojos llorosos en el andén. Lo ve tiritando entre sus brazos. Lo ve sudando en sus labios. Vuelve al espejo. Todos los demás la esperan a la salida del teatro. Termina el bolero de su tía. El teatro se vuelve una masa amarilla que la ahoga. Corre hasta la salida. Con gotas de pintura en su vestido.
Mi gurú silba uno de aquellos. Mientras cierra la maleta. A su alrededor otros actores y actrices empacan sus cosas. Y ordenan el teatro. Que otra vez se queda solo. Que guardará silencio y el eco de los pasos. De arañas. La dueña comienza a vestirse. Saca de un armario un vestido azul. Se acerca a un espejo y lo arregla. Se peina. Y mira también distraída. A los demás como se mueven. Mira al muchacho que siempre ha querido. Vuelve a su cara y se pinta los labios. En el tocador la llamaban las cartas de Peter. La más reciente. Tan suplicante de ayuda. Ella imagina al ídolo caer sobre sus piernas. Esa figura oscura y endeble caer enrollándose en sus piernas. Gesticulando. Ayuda. Se sonríe. Ella lo espera en la estación de trenes. Vestido de mujer. Lo espera con los pasajes en sus manos. Lo ve con los ojos llorosos en el andén. Lo ve tiritando entre sus brazos. Lo ve sudando en sus labios. Vuelve al espejo. Todos los demás la esperan a la salida del teatro. Termina el bolero de su tía. El teatro se vuelve una masa amarilla que la ahoga. Corre hasta la salida. Con gotas de pintura en su vestido.
sábado, 2 de mayo de 2009
Cuarta
El espectáculo dura una hora y media. Brillantina espera a Peter en el camarín. Para conversar sobre el próximo show. Peter se sienta y escucha sólo murmullos desde la boca. Su amigo sólo murmulla. Él sabe sobre el próximo show. Lo ignora. No escucha. Espera nervioso su partida. Quedarse sólo. Ver que Mi Gurú se acerca. Silenciosa y escapista. Verla desde cerca. Con rasgos de todo el mundo. Con aromas a otros lugares. Besada por todas las ciudades existentes. Con los ojos proyectando películas prohibidas en el imperio. Paisajes abrumadoramente nuevos para Peter. Espera que todo se contenga en ella. y verlo desde cerca. Casi tocarlo. Olerlo. Sentir e interactuar. Deshacer el compromiso con su amigo. Sin que este sospeche. Traicionar con todas sus ganas. Sin que nadie se de cuenta. Está ansioso. Su pierna se tambalea en movimientos cortos. Sus dientes se manchan a cada cigarro. Brillantina murmulla. Murmulla. El próximo show. De pronto se para y modula palabras de despedida. Peter asiente con la cabeza. Suspira. Ahora espera. Tranquilo. Sirve el agua tónica. Vuelve a suspirar. Y se lanza sobre el sillón. Gritando silencioso.
Mi gurú corre por el pasillo lleno de gente. Nadie la nota. Aún todos vibran exaltados. Y Brillantina los manda. Hace los planes. Para la actuación siguiente. De pronto la actriz se encuentra frente al camarín. Respira nerviosa. Ruega por que Brillantina no se entere jamás de su visita a Peter. Toma la manilla de la puerta. La gira. La puerta se abre. Y aparecen los ojos de Peter. Bien abiertos e inocentes. Como rindiéndose. Reverenciando a su divinidad. Peter se levanta del sillón. Se acerca a ella. Huele los aromas multiples. Cierra sus ojos y permanece allí. Casi abrazándola. Por unos segundos. Ella permanece quieta. Inmóvil. Peter vuelve a mirarla. Le ofrece el vaso de tónica. Ella prende su cigarro. Se sientan sobre el sofá. Y Peter la interroga. Quiere saber. Saber si vale la pena. Traicionar. Dejar de ser super-estrella. Dejar de ofrecer shows alucinantes y adictivos. Dejar de ser la droga de la ciudad. Venderse. Ser de todos. Convertirse en prostituta. Acostarse con cada lugar que visita. Dejar la cama de Brillantina. Dejar el glitter y la tónica. Mi gurú lo observa engatusada. Como hipnotizada con el cadencioso hablar. De Peter. Espera a que él termine su vaso. Y le responde. Si eres capaz de desfanatizarte de ti. Dice. Mi gurú termina su vaso. Se levanta del sillón. Ellos prometen escribirse. Ella besa la mejilla de Peter. Se queda ahí unos segundos. Lo mira y le sonríe. Peter la contempla. Mira su caminar a través del pasillo. Cuando da la vuelta. En una esquina. Peter cierra la puerta. Y comienza a pasearse desesperado por la habitación. Se muerde las uñas. De pronto se detiene. Se sienta frente a un espejo. Y comienza a quitarse el maquillaje. Y todo el brillo de la ropa. La gente afuera comienza a dejar el estadio. Y Brillantina maneja hasta su casa. El brillo se desprende a pedazos. El maquillaje cae deshecho. Y la gente empieza a olvidarse del ídolo
Mi gurú corre por el pasillo lleno de gente. Nadie la nota. Aún todos vibran exaltados. Y Brillantina los manda. Hace los planes. Para la actuación siguiente. De pronto la actriz se encuentra frente al camarín. Respira nerviosa. Ruega por que Brillantina no se entere jamás de su visita a Peter. Toma la manilla de la puerta. La gira. La puerta se abre. Y aparecen los ojos de Peter. Bien abiertos e inocentes. Como rindiéndose. Reverenciando a su divinidad. Peter se levanta del sillón. Se acerca a ella. Huele los aromas multiples. Cierra sus ojos y permanece allí. Casi abrazándola. Por unos segundos. Ella permanece quieta. Inmóvil. Peter vuelve a mirarla. Le ofrece el vaso de tónica. Ella prende su cigarro. Se sientan sobre el sofá. Y Peter la interroga. Quiere saber. Saber si vale la pena. Traicionar. Dejar de ser super-estrella. Dejar de ofrecer shows alucinantes y adictivos. Dejar de ser la droga de la ciudad. Venderse. Ser de todos. Convertirse en prostituta. Acostarse con cada lugar que visita. Dejar la cama de Brillantina. Dejar el glitter y la tónica. Mi gurú lo observa engatusada. Como hipnotizada con el cadencioso hablar. De Peter. Espera a que él termine su vaso. Y le responde. Si eres capaz de desfanatizarte de ti. Dice. Mi gurú termina su vaso. Se levanta del sillón. Ellos prometen escribirse. Ella besa la mejilla de Peter. Se queda ahí unos segundos. Lo mira y le sonríe. Peter la contempla. Mira su caminar a través del pasillo. Cuando da la vuelta. En una esquina. Peter cierra la puerta. Y comienza a pasearse desesperado por la habitación. Se muerde las uñas. De pronto se detiene. Se sienta frente a un espejo. Y comienza a quitarse el maquillaje. Y todo el brillo de la ropa. La gente afuera comienza a dejar el estadio. Y Brillantina maneja hasta su casa. El brillo se desprende a pedazos. El maquillaje cae deshecho. Y la gente empieza a olvidarse del ídolo
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